Ítaca Homérica – Esp


EL NAVEGANTE: Canto IX. La aniquilación tenía su alegato.

EL NAVEGANTE: Canto IX. La aniquilación tenía su alegato.

Lo demás es casi como siempre. Después de la destrucción, llegan los pacificadores. Reparten justicia a los vencedores e injusticia a los derrotados y ¡proclaman la paz! «¡Ceded, itacenses! ¡La guerra ha terminado! Temed la venganza de los dioses, dejad de matar». La intervención divina en su apogeo. Primero dejan que la muerte actúe, luego piden el perdón y la penitencia. Y luego se establecen los pactos, que llevarán otra vez a los poderosos a la regencia y los plebeyos a su triste realidad… Y de tal manera –¡Oh Atenea!– podrán vivir para siempre en amor y paz. (…)


EL NAVEGANTE: Canto VIII. Feacios: Bienvenida y despedida

EL NAVEGANTE: Canto VIII. Feacios: Bienvenida y despedida

Telémaco y Odiseo necesitaban aliados. Siempre se han necesitado en los conflictos familiares o universales. Son el anillo mágico a la cintura para “estrechar los lazos”. Es una frase absurda, pero nunca pude entenderlo de otro modo por lo falso habitual de su resultado. Podía referirme al más coloquial “la soga en el cuello”. ¡Casi todos los aliados al final se quedan parte de lo tuyo! Se lo arrebatan a sus enemigos si resultan vencedores. Y se lo reparten entre ellos. ¿Absurdo? Inmoral. Injusto. Abusivo. Verídico y habitual. (…)


EL NAVEGANTE: Canto VII. Un paréntesis imaginado… έ, de engaño.

EL NAVEGANTE: Canto VII. Un paréntesis imaginado… έ, de engaño.

–¡Aiuto¡ ¡Aiuto!

La lozana joven “rubiroja” le sonrió y le respondió susurrándole al oído con cautela, como si no se atreviese a infligirle mayor sufrimiento en la situación que se hallaba.

–No hables ni temas, padre. Volaré como el viento para pedir ayuda. Todo irá bien, ya verás.

–Vale, te lo agradezco… Pero, ¿quién eres? ¿Cómo te llamas?

–¡Nausícaa! Soy tu hija Nausícaa –gritó la muchacha, alejándose con paso ligero–. (…)


EL NAVEGANTE: Canto V. Tocado y hundido

EL NAVEGANTE: Canto V. Tocado y hundido

Fue el final de la expedición. Todas las expediciones al final acaban devoradas, rotas, devastadas… ¡Y en todas las épocas se repiten por igual! Alguien se salva o “Nadie”, pero seguro que alguien se apaña para salir ganador y triunfante y preparar la venganza o la réplica. Aquí se fueron todos. Los Itacenses seguro. De los demás, probablemente algunos se salvaron y se volvieron a sus moradas. O buscaron otras. Así, llegaron a tierra de Tartesios y de Galicia. Y sobre todo a tierras del levante Ibérico, fundando “Kallipolis”, Hemeroscopio y Pirene. (…)


EL NAVEGANTE: Canto IV. ¿Quién cegó al bardo?

EL NAVEGANTE: Canto IV. ¿Quién cegó al bardo?

Posicionó la isla de Cíclopes allá por tierras de Trinacria y buscó una gruta imponente acorde al tamaño descomunal del monstruo, llena de cestos de quesos, recipientes con leche, un rebaño entero de ovejas y cabras salvajes de todas las edades y tamaños…

Estibas de leña en cada rincón resecándose al alumbre de un cándido hogar que ardía de crepúsculo a la madrugada. Y un enorme peñasco que actuaba como candela en la ovalada puerta de la caverna. La insufrible masa inhumana se percató al instante de la invasión de su morada por los intrusos. «¿Sois piratas o gente pacífica?» indagó con fingida decencia. «Guerreros Aqueos volviendo de Troya que los poderosos vientos nos trajeron aquí, a su preciosa isla», dijo Odiseo. (…)


EL NAVEGANTE: Canto III. El Clan.

EL NAVEGANTE: Canto III. El Clan.

Las naves, una a una, se pusieron a jadear en concordia y a dejarse abrazar por las dilatadas olas que las llevaban en volandas. El viento se había vuelto norte absoluto y afeitaba las cubiertas de los cascos a su cruel revuelta por la superficie del océano. Era inevitable, y el magnánimo rey se percató en seguida. «Viento de norte, proa al sur. Lo acepto, pero que pronto amaine, amables dioses de Olimpo», rezó, mientras recogía una mazorca del entrepaño y un odre de vino tinto de aquel que el sacrificado santurrón de Ísmaro le había brindado.


EL NAVEGANTE: Canto II. Máron, un regalo útil y generoso

Canto II. Máron, un regalo útil y generoso

–Le doy las gracias, señor, porque admito que nunca imaginé la respuesta. Y ahora, mi duda queda solo en un detalle insignificante. ¿Cómo el poeta no se interesó más por ese tío suyo (el príncipe Megis) que solo pecó de valiente y no le dedicó más de tres palabras en un episodio ordinario bajo los muros de los troyanos? Pero tampoco importa, ¿verdad?(…)


EL NAVEGANTE: Canto I. Ténedos.

EL NAVEGANTE: Canto I. Ténedos.

Bastantes años después incluso de la propia obra épica de su nieto Homero –narrada y cantada como ningún aedo se atrevería jamás–, las pentecónteros y triacónteros darían paso a los primeros trirremes helenos allá por el ocaso del siglo sexto. Naves que superaban de largo los cuarenta metros, cargadas con 180 hombres, además de una mayor vela central y a veces otra menor en el trinquete de proa. Las naves primitivas que utilizaron los helenos en esta batalla de Troya –que medían apenas treinta metros de eslora y cinco de manga, equipadas con una única vela elemental en el palo mayor– se retiraron nada más aparecer estas monstruosas estructuras modernas que llevaban el nombre de Trirreme por su particularidad de contar con tres bancos de remeros superpuestos a distinto nivel en cada flanco. (…)


Nicolás F. Kampánis, Geólogo Universidad Aristóteles, Tesalónica – Homerista

Nicolás F. Kampánis, Geólogo Universidad Aristóteles, Tesalónica – Homerista Investigación por Homérico Dulíchion (Dolíqui)   El archipiélago perdido cerca de Mesológgi Un conjunto de varias islas juntas se llama archipiélago. Por ejemplo las islas del mar Egeo componen el archipiélago Heleno. Las Equinadas pertenecen en esta categoría geográfica pero en realidad es medio archipiélago, sin que ello signifique que el resto constituye parte de la Atlántida perdida, porque las islas que faltan son frecuentemente transitables a pie y sin ferry ya que constituyen las colinas del campo al oeste y enfrente de Mesológgi.   QUE ES LA COMPARATIVA CRONOLOGICA Hay […]