¡El civismo insoportable de los Vikingos! 1


¡El civismo insoportable de los Vikingos!

Por supuesto era en una película. Bien. Como si fuese en la vida real. De hecho, las películas se ruedan de la misma gente, en los mismos escenarios y reflejan probablemente -con una similitud casi del todo- la vida misma. La vida de los mismos.

En aquella película acababa de morir un niño. Un niño de apenas 8 años. Una muerte anunciada por un aneurisma coronario… Ellos al morir plantaron un árbol y bebieron a su salud hasta caerse exánimes al suelo. Vida nueva. Una que se fue y otra que nace. Que más da que una fuese humana y la otra arbórea. Aquella enfermedad y su crueldad había descubierto y documentado el doctor Kawasaki allá por los años sesenta, un eminente medico japonés. Los que plantaron el árbol vivían casi al otro lado de la esfera, eran escandinavos. Para ser más precisos, descendientes directos de los mismísimos Vikingos.

En aquella misma película, o en otra del género que lo mismo da, la evolucionada esposa había entregado su puesto -al lado del de hace quince años amado esposo-, a la amante tierna de ese. Una alumna de veinticuatro años a quien invitaron a convivir con ellos en la comuna que habían ideado en su heredada mansión. Como era de esperar el triángulo se agrietó con el tiempo y rompió definitivamente cuando la esposa consentida y cornúpeta decidió abandonar destrozada pero soberbia su propio hogar para dejar a los amantes vivir y disfrutar su amor en su propia casa. Una fogosa mediterránea como mínimo les habría roto una escoba en la cabeza, hubiese tirado un jarrón chino a la pared, y hubiese gritado tanto que aún permanecería su eco sobre las olas del mar adriático. Aquí faltó otro detalle del realizador. ¡Hubiese sido justo volver a plantar otro árbol! Por la pérdida de la felicidad y la victoria del insoportable civismo de esos arborícolas vikingos que reparten equívocos mensajes diariamente a la moderna sociedad del siglo veintiuno.

Tanto ruido que levanta en España la violencia de genero. Y pone los pelos de punta. Está nuestra sociedad y con razón escandalizada de esa lacra que corroe nuestra cotidianidad y tortura nuestras mañanas y las noches como una gota malaya. Es una lacra que hay que erradicar de nuestra sociedad para siempre. La pena es que de eso no podemos tomar ejemplo de los espejos del civismo europeo que representan los países escandinavos. Mientras los porcentajes en los países mediterráneos como España, Italia o Grecia el porcentaje oscila entre el 15 y el 20% de las mujeres que alguna vez en su vida han sufrido violencia de género, en ese odioso ranking Dinamarca, Suecia o Finlandia -cerquita esta Noruega- están en la cabeza con más del 50%. ¡Quiere decir la mitad de las féminas de esos países extra cívicos han sufrido malos tratos! En lo que se refiere a feminicidios por ejemplo Finlandia supera a España por casi cuatro veces. 10 muertes de mujeres por mano de sus parejas en tierras vikingas frente a menos de tres en tierras Iberas. No es que sea un dato para celebrarlo ni plantar otro árbol, pero deja bastante clara la diferencia cívica entre los que pregonan el civismo y los que parece lo han olvidado desde su romanización.

Que no se pite sistemáticamente -en los semáforos- al coche de enfrente -como suele ocurrir en los países del sur-, y que se reciclen con una desesperante precisión los residuos de los cubos de basura públicos, no libra a los sucesores de Ragnarr Loðbrók de ser campeones en los rankings más odiosos de la sociedad moderna. Violencia de género, alcoholismo, suicidios… El colmo de la sinrazón vikinga en el mundo moderno europeo se encuentra en el ranking de la criminalidad. Entre los años 2011 y 2015 se registró una tasa del 147 en Suecia, y 79 en Finlandia y Dinamarca, primera, tercera y cuarta respectivamente frente al 47, 44, 38 y 17 respectivamente de Italia, España, Portugal y Grecia que ocupan las últimas posiciones de tal macabro índice. Un curioso índice sobre violaciones en Europa descubre que -por ejemplo- en Suecia las violaciones a mujeres escandinavas se producen 100% por ¡¡mahometanos!!. Esa curiosa estadística es imposible de analizarse por la psicología moderna ya que el porcentaje de musulmanes en Suecia y Dinamarca es de un 5% solamente mientras que en otros países donde las violaciones además de ser infinitamente menores en número indican un porcentaje muy inferior de su parroquia islámica. Así tenemos en Chipre un 22%, Bulgaria y Francia 8%, Grecia y Italia casi 5% de mahometanos sin que se mencionan porcentajes considerables de violación por esos últimos. Desde luego tales parámetros de la noticia no guardan porcentajes de similitud ni paralelismos

Otra característica de los hijos de Odín es su profundo y enmascarado racismo hacia el atezado sur, un sentimiento incomprensible para una sociedad relativamente joven y tierna en historia y reciente en civilización donde los sentimientos tendrían que ser -por primitivos- más puros ingenuos y tolerantes ante los curtidos sentimientos de las sociedades de civilizaciones más antiguas con historias milenarias.

La teoría escandinava de la prosperidad individual según varios de mis ex compañeros de trabajo se basa principalmente en el pillaje y el pelotazo. Aunque la revelación podría parecer acorde a la venerada historia de sus antepasados hoy día produce incredulidad y dudas sobre su veracidad. No parecen esos -insuperablemente-, cívicos “altos y rubios” merecedores de tamaña infamia… Sin embargo, -ha confirmado sonriendo por primera y única vez el “soso Odin”-, es tan real como que existe una palabra única en nuestro idioma proveniente del antiguo idioma vikingo que significa exactamente eso: ¡Plundra! No sé si recuerdo exactamente la palabra, pero así sonó a mis incrédulos oídos, aunque lo más importante no es la palabra si no su significado – ¡Pillaje! que fríamente me explicó -con detalles- mi contertulio.

No sé de dónde proviene exactamente ni ese desmesurado, pero falso civismo de los nórdicos, ni su manipulación de lo obvio. Puede que el frio polar que congela los huesos y frena la circulación templada del cerebro tenga parte de la culpa. O los torrentes de alcohol que corren desde la aurora hasta el crepúsculo por esas mismas vías del mismo cerebro. Puede que las interminables noches o en su caso los elípticos días opacos, desestabilicen la suave rutina de los hogares. Dicen que el humor de los vikingos en los lucidos veranos no tiene nada que ver con el propio de los inviernos oscuros y lúgubres que parece que no tienen nunca fin.

Cuando el miedo a la oscuridad se reparte con la esperanza y la luz del día ejerce una relación de equilibrio y sosiego sobre las almas humanas, la gente hace acopio de equidad y divide con esmero las tareas para llegar pletórico a todas las estaciones y disfrutar de sus ondulaciones y sus templadas y brumosas laderas, pero presumo que una hibernación con los ojos abiertos y los sentidos en desvelo durante los nueve meses que dura las tinieblas en esos países -de Harald el de cabellos hermosos-, tienen que ser duros de soportar a lo largo de sus umbrías vidas. Los que han visitado los países nórdicos desde noviembre hasta enero es probable que no hayan visto ni un instante como brilla este sol vikingo sobre la tendida nieve.

Esos miedos que hereda la vida de la oscuridad y las tenebrosidades del horizonte es probable que repercuten en la animosidad de aquella gente que puebla las penínsulas de tierras vikingas. Es posible que el oscurantismo campestre y rural de las llanuras y las serranías de Jutlandia, de Escandia y sus isleños reinos va en paralelo con sus estados de ánimo o puede que la angustiosa soledad de los invernaderos humanos no tenga explicación en la psiquiatría de los cálidos países mediterráneos.

¿Pero entonces cuan estúpido es el hombre para pensar que esa lúgubre sociedad es más cívica que la sureña? Si ni siquiera el tamaño de sus sueños de pillaje es comparable con la de Danos y Vijkas. Y ¿cómo se las dan de ecologistas y “Greenpeaces” si viven y se enriquecen de la explotación del petróleo y sus derivados? Así algunos de esos países que componen Escandinavia han llegado a ocupar la cima del índice de riqueza en Europa mientras que hace 60 años estaban ocupando la cola del pib en Europa, autoproclamándose leñadores y pescadores humildes del salmón, agujereando el hielo…

     ¿Y la famosa democracia escandinava? Su “puro” socialismo. La sociedad abierta. ¿Los derechos humanos y la defensa de la libertad? Durante la II guerra mundial los seudo-neutrales nórdicos colaboraron descaradamente con los nazis como Finlandia en la guerra de continuación. Dinamarca después del pacto de no agresión con Alemania en el 39 aceptó la protección nazi un año después. Suecia ha sido el país por antonomasia de aprovisionamiento de minerales para los cañones del III Reich y cientos de sus jóvenes vikingos se alistaron voluntariamente en las temibles SS. El famoso escritor Noruego Knut Hamsun escribía elegías a favor de Hitler en los periódicos del país y osó regalar su premio nobel al odioso Paul Joseph Goebbels, el asesino ministro de propaganda del régimen nazi. Sus épicas elegías a favor del nazismo no se escribieron en efdaliano ni dalecarliano pero aún perforan los sentidos de los amantes de la libertad y la democracia. Palabra que al decir verdad es genuinamente griega y escasamente exportable a pseudo-sociedades de esa índole.

Me hace una enorme y triste gracia cuando analizo los rankings de las ciudades y países más recomendados para vivir. Siempre las herederas vikingas ocupan lugares muy cercanos a la cima y en no pocas ocasiones habitan las mismas cumbres de la felicidad humana. Como si la felicidad se contase por colores de cubos de reciclaje residual. O por la adecuada señalización de los semáforos y los pasos de cebra. O porque su monarca -la monarquía en el siglo veintiuno ya constituye definitivamente un retraso civil- aparece en los desfiles vistiendo vaqueros y polos de Paul & shark como experto marino, y su compañera va de valquiria coetánea igual a la desvalida sirenita de Copenhague!

¿Y las playas de color turquesa de Grecia? Las tendrán del mismo color esos seguidores de “völvas” pero les será imposible bañarse incluso en pleno agosto. ¿Y hacer ciclismo en mayo como los italianos en “los dolomitas”? Ni siquiera con un “quitanieves” precediendo. Y en el supuesto que se consiga cocinar a fuego lento una paella valenciana, parece que sabría sosa sin un tarro de mermelada esparcida en el centro.

No se trata de ir visceralmente en contra de un país, una raza, una determinada cultura o unas condiciones naturales no impuestas por el hombre. Sino de intentar liberar del yugo de la pseudo-perfección de los escandinavos y su falsa superioridad actual sobre los países del sur que sutilmente han intentado fomentar en los últimos cincuenta años apoyándose por los “otros cruzados”, del centro y norte de Europa. Esa Europa que cuando estaba despertando de su alargado letargo y su longeva hibernación se encontró por suerte con una sociedad milenaria, culta, histórica, rica en leyes y logros. De monumentos y escrituras, de arte y enseñanzas. Una sociedad dominante y generosa que habitaba en toda la cuenca mediterránea.

Me hago cargo de que hoy en día esa misma cuna de la civilización está padeciendo un síndrome de “andar para atrás”, una enfermedad de ansiedad y malestar general entre sus jóvenes, anamnesis y nostalgia en los ancianos, pobreza y privación de oportunidades laborales, carencias alimenticias y de productos de primera necesidad, pesimismo por el futuro de los hijos y los nietos, las pensiones, la jubilación… Esa jubilación que disfrutan despreocupados miles de nórdicos en nuestras costas, nuestras islas, nuestros soleados pueblos, solo por haber encontrado petróleo en sus gélidos mares. Y construir alrededor de tal alifático rey su hoy poderoso reino de hidrocarburos y derivados…

También supongo que se me podría tachar de envidioso, vengativo, injusto e injurioso hacia esas criaturas sencillas y casi inocentes a pesar de sus monumentales tallas, que nada malo han hecho si no disfrutar de la suerte que el cielo les ha otorgado. Bueno y la tierra. Y por ser tan correctos, amables, educados, corteses, en fin, con una palabra -sin redundancias-, inmejorablemente cívicos. ¿Y qué? No me considero así, pero… ¿Y qué? ¿No es una característica, un estigma -que nos cuelgan a los mediterráneos-, la envidia? Sana o picara, compartida o malintencionada. A veces fingida. Pero nunca hipócrita. Además, es inviable ocultar sus sentimientos el sureño. No le representa la falsa modestia, la hipocresía, el farisaísmo y el calculador camuflaje de los sentimientos -que mientras en él emanan como torrentes salvajes-, en aquellos descendientes lejanos de Eric el rojo, están bien cubiertos bajo el frio semblante de sus rostros pálidos. En los años que me tocó trabajar de cerca con los “hiperbóreos”, conseguí retratarles en lo posible y especialmente en el ambiente profesional y cultural. Porque en lo cívico lo tengo superado. El que ha estado cerca, conviviendo con escandinavos lo entenderá. Porque su civismo no es más que un antifaz rudimentario que utilizan para esconder su necedad, su torpeza y su ineficacia y superfluidad. ¡Creedme! Esa sociedad insoportablemente “civica” , ¡es un timo!

¿A que a los mediterráneos nos tachan de cotillas y cuentistas? Emborrachad a un gran danés y os pondrá a todos los compañeros de baldíos y a los amigos en común de desmerecedores de lo mínimo y …mejor que se queden quietos antes de ser fulminados.

Si haces lo propio con un noruego -más holgazanes y sensibleros- te pueden perjudicar sin darse cuenta dada su condición de superfluos, influenciables y …. ¡La verdad que entre ellos me encontré con algunos tíos guais como mi ex jefe y los dos ingenieros “inventores” de la empresa, -dos encantadores elfos- como mi amiguete Terje, que adoro su bondad, y algún pérfido y mediocre cretino, como el ultimo contable que quiso reinar! Pues eso, a esos ni agua, si desconoces su procedencia cristalina…

Conozco menos a los suecos y finlandeses y por extensión a los isleños. Pero la poca información que tengo es que poco distan de sus hermanos. Aunque la palma la lleva el corazón de león…Dinamarca. El reino de los reinos vikingos.

Aunque el arte es el alma sensible del hombre y se puede presuponer que -esa etnia- poca de esa alma guarda, su arte es digno de mencionar por -como mínimo-, oscuro y neblinoso. Y si como dicen el arte es el espejo del alma he aquí la mayor expresión de pintor nórdico. ¡Edvard Munch! El brumoso pintor noruego que representa la eterna angustia del ser. Con su melancolía, su soledad, su grito de muerte y pavura. Dejando de lado las absurdas millonadas que se pagan por sus obras…La música actual escandinava cimentada en sus ancestrales fuentes rúnicas, no sobrepasa ni siquiera la inquietud de aquellos ruidos boscosos que parecían vientos y monosílabos primarios. Como mucho se ha instalado en aquel “hard rock” vikingo que rasura la sensibilidad melódica de los entes sensibles, incluidos los elfos… Nada que ver con las voces celestiales de Pavarotti y Callas, la ondulación musical del concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo o el desgarramiento de los fados de Amalia Rodrigues. Tampoco su cine, tenebroso y retorcido lleva el alma a la búsqueda y a la intensidad vital -sin miedo- donde les conduce Costas Gavras, Carlos Saura, o Luchino Visconti. Y eso que en escenarios policiacos, de intriga y decadencia han conseguido al final de ese siglo encaramarse alto los directores de cine y series nórdicas. Y como toda excepción, no es aquí donde se quedan de vacío teniendo a los Bergman y algunos prometedores cineastas fineses. Sin embargo, la trama de sus guiones y los temas tratados en su cine desde su aparición hasta hoy día no están muy lejos de la ansiedad, el crimen, la expiación y su coqueteo con las tinieblas y los laberintos. Algo así como despierta y vuelve a acostarse su alma insuficientemente recargada de luz y reflejos diurnos. De su literatura ya hemos hablado mencionando al inefable Knutsen que, solo por nazi reniego de su supuesto talento, y podríamos recrearnos con su novela policiaca representada principalmente por Henning Mankel, que como su cine se está encaramando al escenario moderno día a día desprovista -eso si- de profundidad literaria y riqueza del “λόγος. La literatura de supermercado de los Larsson, Fossum o Holt nunca podrá codearse con los clásicos griegos y romanos o el insondable lenguaje de los autores hispanoamericanos, italianos, griegos o portugueses. Si a esos juntamos también a la sobriedad de la literatura francesa entonces el cisma se nos antoja insalvable por los siglos de los siglos. La aparición sorprendente -no por su gran carisma literario, pero de su imaginación y dedicación- del fenómeno Andersen y sus cuentos endulza en cierta medida la áspera literatura negra de los herederos de las turbas vikingas. Y la valía literaria e incuestionable de Ibsen resalta como nada el “realismo socio-critico” de las sociedades nórdicas, la falta de solidaridad y altruismo y la abisal carencia de valores normativos en las interrelaciones sociales.

              Comprendo absolutamente que la realidad actual de los países va de la mano de sus economías, sus sistemas político-sociales, el bienestar, las pensiones, los impuestos y la penalización del cohecho, la prevaricación y el soborno. Y en la mayoría de los casos, como mínimo a la hora de presentar ejemplos aparecen gente y países mediterráneos. ¡Es que hacemos más ruido! No, no es broma. Ni excusa comparativa. ¡Es que hacemos más ruido! Como en el autobús, en la playa, en las fiestas, en la calle y los bares… Es de carácter. No lo de ser más corrompidos, sino en pregonarlo. Somos imposibles de guardarlo en secreto, esconderlo, enterrarlo, darle un aspecto de normalidad cotidiana. Sé que este punto es muy frágil, muy peligroso, arriesgado y criticable…. La sociedad sureña esta temiblemente sensibilizada con esa lacra que para muchos es la peste de sus modernas sociedades, el freno hacia la prosperidad, y su desesperación por la impunidad de los responsables. Así que no se puede frivolizar con afirmaciones como que todo pasa por hacer más ruido que nuestros hiperbóreos. Es simplemente un descargo de “distancias reales”, de “medición de profundidades”, de análisis de “hechos y no de dichos”. Y puede que finalmente los escandinavos “ganen” ese ranking. Puede que sus índices sean más saludables que los de los “PIGS”, que tan sutilmente bautizaron a aquellas sociedades -más antiguas y cultas-  de las civilizaciones europeas y mundiales, pero, no creo que se mantenga tan convincente esa diferencia después de analizar algunos aspectos de esos mismos perniciosos defectos y el “ruido” real que producen…Y no olvidarse que los países mediterráneos han sido explotados desde hace más de cuatro mil años disminuyendo sus recursos naturales al mínimo, mientras en los países nórdicos de corta historia y explotación y con el continuo cambio climático han perdurado mientras se iban descubriendo miles de hectáreas vírgenes, mares inexplotables de carburantes minerales y gases, y dada su poca población viviendo y desarrollándose en inmensos territorios

      Se ha hablado mucho sobre que la prosperidad y la igualdad social y la calidad de servicios de los países vikingos se basan en sus políticas fiscales. Desconociendo el reparto y utilización de los importes recaudados y donde quizás se esconden los verdaderos beneficios de la fiscalidad de esos países, al comparar el triángulo de impuestos esencial: IVA, impuestos de sociedades y renta, con los respectivos en España contemplamos que casi no hay diferencias. El porcentaje de impuesto de renta está por encima del 50% en las altas y por debajo del 25% en las bajas, tanto en España como en Finlandia y ligeramente superior en los otros tres países de la marcilea de escandia. El impuesto de sociedades es superior en España con la excepción de las empresas petrolíferas -un caso atípico por la suerte que les tocó vivir a los habitantes de Noruega. Finalmente, los distintos clímax del IVA poco difieren entre los cinco países comparados. Los impuestos especiales son variopintos y no se aprecian grandes diferencias. Especial importancia tiene el impuesto sobre bebidas alcohólicas que excepto en el país de Hamlet son de monopolio estatal. Ese impuesto sobre el alcohol y su prohibición de venta libre por ejemplo en Suecia y en menor medida en Noruega producen un fenómeno de inmigración temporal alcohólica desde esos dos países a Dinamarca para el consumo instantáneo y el transporte masivo de toneladas de alcohol barato a sus respectivas moradas. Miles de ciudadanos suecos y noruego pasan la frontera para emborracharse en Dinamarca y Alemania y llenar sus rancheras de decenas de litros de alcohol barato. Alguien llamó el fenómeno como ¡Turismo alcohólico! Dantesco espectáculo ver los ferris repletos de suecos o noruegos ebrios aparte de la fuga de impuestos producidos adrede en esos “justos” países que fanfarronean sobre su honestidad “fiscal”.    

          Quien ha visitado los países nórdicos se “liberará” de muchos tópicos equívocos sobre dichos países. Por ejemplo, las infraestructuras de carreteras y la seguridad vial. Ni la red de carreteras tiene la riqueza y calidad de las españolas ni siquiera de los demás países mediterráneos, ni su seguridad vial es muy distinta. Su señalización es menor. No hay protección en las calzadas para impedir el paso de animales salvajes domésticos-, los cuales invaden las calzadas y campan en sus anchas, una preocupación terrible para los conductores. Como dato como mínimo contradictorio, leo en algunos informes que noruega está empeñada con la proliferación de los coches eléctricos, híbridos y el control de las emisiones de co2 en el ambiente, mientras vive y prospera basada en sus empresas petrolíferas y sus subgéneros. Esta contradicciones farisaicas y teatrales restan toda la credibilidad en las supuestas buenas intenciones de los adeptos de Ragnarök. Sin embargo, nada justifica la elevada siniestralidad en las carreteras del sur frente a la reducida propia de los escandinavos, aunque se quiera achacarlo al carácter acalorado y despreocupado de los mediterráneos. Ya hemos dicho que aquí no intentamos disculpar a los países del sur sino destapar el fraude de la calidad de vida escandinava, su gazmoñería, su racismo disfrazado, su injustificada prepotencia por historia, méritos o virtudes y comportamientos.

     Sé que al elongar cuando más el ensayo más perdería en inmediatez, sorpresa y contundencia pero, como puedo dejar sin mencionar a las “drogas” legalizadas, casi de habito familiar, en los entornos escandios, el engaño de ausencia de paro por bendición de los microcontratos y la matriarcal sobreprotección del entramado estatal, la felonía de los servicios sociales que alguien refiriéndose al modelo social escandinavo, calificó de:  “…cómo morir de éxito por esquivar el ideario neoliberal”, y que yo no soy nadie para debatir… ni del paro que esquivando la divulgación de la panacea del “mínimo” paro europeo, horrorizan llegados de tierras gélidas aspectos como, que, “no hay salario mínimo fijado en Escandinavia”, o la rocambolesca prestación por desempleo en tierras vikingas, que suplicaría tengan la amabilidad de averiguar. Y de paso repasen el sistema educacional que tanto nos echan en cara “cazando” multitud de noticias actuales sobre el fracaso reciente del ranking Finés de evaluación educacional, y el fraude producido, que siendo parte de otro costal no quisiera apropiarme por la sensibilidad del contenido.      

     Sin embargo, varios artículos desinteresados, ahondan profundamente en este fraude filológico de esos países que aún no han conseguido desembarazarse de su “barbarie” socialcultural y siguen automanipulándose y manipulando las masas.

   Oye amigo mío, AUNQUE FUESE; …QUE NO LO ES, …AUNQUE FUESE… ME DEJARÍAS SENTIRME VIKINGO FARSANTE, ANTES QUE, ¿FESTIVO MEDITERRÁNEO? A TI TE PREGUNTO…

                                                                                                  Los rankings y porcentajes están sacados de Internet

los comentarios de comportamientos de amigos que han vivido en estos países                                                                                                                                                               R d F


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