Odiseo y el Navegante ¿Quién cegó al bardo?


Odiseo y el Navegante

  1. ¿Quién cegó al bardo?

          Escaso ha sido el viaje de la tierra del lotus a la tierra dominada por los Ciclopes. Como un suspiro. Estaba aquella isla inmóvil en medio del océano, del océano que pasea las olas y los sueños, que zampa olas y escupe tormentas, furibundo, enojado, dolorido y herido… sueño que dura un día o un instante. Perdido en la inmensidad de la nada entre lo irreal y lo herido en un ojo, donde aquellos desalmados habían clavado la lanza templada en el fuego…

     -Aquí, discrepó el Navegante, ¡Eso lo has inventado!

     -Para nada. ¿Porque iba a hacerlo?

     -Porque me di cuenta que eres vanidoso, egolátrico y tedioso. Tanta epopeya para contar fabulas y confundir al lector. No creerás que tengas delante a la mujer engañada y abandonada media vida para contarle tus hazañas o tus desgracias y que se apiade de ti, ahora que llegaste viejo y arrepentido como cualquier hombre de hoy y de siempre que al final se aferra a su zapatilla vieja. Y ahorra dime la verdad sin fantasías y sin rencores. ¿Este dolor, inmenso e inhumano, por el querido hijo de tu sangre lo supongo, cuanto piratas barbaros le apresaron cuando tú y tu retoño caíste en desgracia, y le cegaron el ojo diestro para así quedar en los siglos señalado y tuerto, para que observe a medias las verdades y separadas la fábula de la realidad! Por eso “Nadie” engaño al Polifemo sino a ese “muy famoso” de tu aedo nieto y es al que cobardemente y con ira y maldad abalizaron, y le dejaron solo con un ojo avergonzado y buscando venganza a través de esos versos voladores!

     -Me ves que callo y otorgo, y que mis ojos se inundan de lágrimas, por acordarme de esa cruel tortura, y crees que diste en la diana, Navegante, pero “Nadie” sabe si eso es así o inventado, y ni siquiera que el aedo tiene algo que ver conmigo. Tú, que supongo no crees en los dioses y el destino, y eres frio y justiciero con los aventureros, intentas cambiar los hechos o adivinar otros sucesos porque no te convence el eco de mis proezas, y quieres quitarles el encanto que profesan y convertirlas en eventos trivios y cotidianos esgrimiendo la realidad y la credibilidad como tus armas…Pero yo no soy un hombre corriente y mis descendientes tampoco para discutir lo que siglos de historia profesaron. !Sigue pues con la lectura…!

    

     “¿Para que me habré dejado engatusar con esas flores de lotus, como mis necios compañeros…?” Es lo primero que pensó Odiseo al despertar, tendido en medio de la toldilla de la cubierta, extenuado, de ojos arrugados y nariz húmeda, tiritando, oliendo a rancio sudor intenso, espeso de náuseas y de mareo. Las naves iban yendo en calma con parsimoniosa disciplina siguiendo la segunda capitana que pilotaba el prudente Perimedes, ya que la nodriza del jefe Aqueo iba cerrando la flotilla. El sensato Fócida aunque tuvo sus más y sus menos con Odiseo por la obstinación de su hijo Escedio por la venerable Penelope, ha mantenido siempre un respeto incontestable por su patrono y amigo, especialmente después de la muerte de Escedio frente a los muros de Troya en manos del incontestable Héctor. Pensó que no tenía por qué cambiar el orden de las cosas y que necesitaba un tiempo prudente para recuperarse y recobrar la serenidad. El sueño que había concebido aquella noche fruto de los efectos de las hipnóticas leguminosas, había resultado sobrecogedor e inquietante. “¿Cómo pueden existir seres tan monstruosos como aquellos Cíclopes de un solo ojo? Se preguntó intentando volver a reconciliar un nuevo sueño, reparador. O quizás solo su mente vengativa quiso crearles para rebatir a ese obstinado navegante su teoría sobre la ceguera del aedo. De ciclopes, gigantes y Lestrigones ya conocía casi todo porque su querida nodriza Euriclea se encargó, desde pequeño, en llenarle la cabeza de sus espeluznantes historias. Recuerda que le insistía en su inimaginable crueldad y su carencia de leyes y derechos humanos. Que vivían aislados y solos, maquinando día y noche de que sangre viva se iban a alimentar la víspera, de bestia o de humano, ya que hijos de dioses primitivos se creían, por encima del bien y del mal. La mayoría de sus historias estaban bordadas alrededor de uno de ellos, el más cruel e inhumano y el más famoso, por lo que así le llamaba ella, Polifemo, el de mucha fama, por dárselas de hijo del dios Oceánico, el ciclotímico Poseidón y de Toosa, la ninfa del mar que su padre el sabio anciano Forcis había vivido siglos incontables en el pequeño puerto del norte de la isla unos cuantos estadios del palacio real, que aún lleva su nombre. Ese bondadoso ermitaño marino, tuvo la mala suerte de casarse con la malvada Ceto la hermana de las gorgonas, esquila y las sirenas, que le sedujo una noche fría e inhóspita en su caverna, donde vivía tranquilo y en paz, y con él engendró todos aquellos monstruos Fórcides, en las que pertenecía Toosa la hija cetácea. De su amerizaje con el dios del tridente nació aquel imaginario ciclope con que la amada Euriclea  llenaba cada noche la pequeña cabeza del heredero de Ítaca.

     -¡Ahorra sé porque el aedo puso su nombre a aquel caudillo frigio aliado de los Troyanos que fue muerto con saña por el poderoso Ajax!

     -¿De qué nombre hablas?

     -¡Forcis!

     -¿Este viejo cascarrabias, el insignificante dios marino que vivía en el puertecito del norte de Ítaca? ¿El abuelo del ciclope?

     -Este mismo.

     -Dicen que llegó hasta Ítaca desde Córcega la isla kallisté, nadando cuando Atlas le arrojó al mar..

     -Era hermano de Proteo si sabes de oídas. Aquel otro engendro acuático visto en Egipto por Menelao, dueño de focas y leones. Uno vivía en los puertos subterráneos de Egipto y de Nilo, y este, que luego se hizo vuestro huésped, empezó siendo señor y dominante del lago Tritonis allá en tierras Libias hasta la época que llegaron los argonautas y el adivino Eufemo. Y creo que Tritón también le habrá exiliado de sus dominios.

     -Volviendo a lo que comentabas anoche. ¿Crees que todo ha sido un sueño, bordado con los cuentos de Euriclea sobre Ciclopes y Lestrigones y que nunca estuvimos allí?.

    -Quien mejor lo sabe majestad, sois vos. A mí porque me queréis involucrar entre sus sueños y sus deseos. ¿Y si fuera verdad? ¿Y si no lo fuera? ¿Quien es capaz de documentarlo después de tanto tiempo? Solo remitámonos a dudar y a pensar con sensatez. ¿Es posible que existan entes tan monstruosos, de un ojo, y otros gigantescos de nueve pies que pueden cargar con rocas inmensas en sus hombros y hundir unas naves como las vuestras?

     -¡Le vi cómo te veo a ti en este momento!.

     -¿Ud. me ve señor?

     -¿Qué quieres decir otra vez? ¿Tú tampoco existes? ¿También eres producto de mi imaginación?

     -No señor. No. Si usted me quiere ver, me ve. Yo estoy aquí, hace tiempo. Yo navego con usted señor, no existo en otro sitio. Existo con usted señor, le hago compañía, le aconsejo, o recibo sus hostilidades, su mal genio y sus exabruptos majestad. Siempre que quieras yo esté aquí y me verá. El día que ya no me necesite desapareceré, uff, como si nada.

     -Entonces, si yo vi al monstruo como te veo a ti, ¿que significaría eso?

     -Es su problema majestad.

     -Era un monstruo inmenso.

     -Lo contrario que este su interlocutor, que es un insignificante menguado.

     -Se ha zampado de un bocado de dos en dos a mis hombres. Casi se traga a Antifo, mi compañero amado. Solo quedamos seis de los doce que me llevé.

     -Siga, desahóguese

      -Te acuerdas de los regalos del sumo sacerdote Cícon.

      -Como no.

      -Siete talentos de oro y aquella ánfora de plata, ¡que belleza! Pero su regalo más apreciable era su vino dulce.

     -¿Aún quedaba?

    -¿Te estas quedando conmigo?

     -No señor

     -Acabas de insinuar que somos unos borrachos inconscientes

     -Yo nada insinué. Los acontecimientos, que narra el bardo, demostrarán las certidumbres. En cada capítulo empieza y acaba con un bacanal y una borrachera señor, hasta que llegaba la “aurorita”…

     -¡Ahora con sorna! Y si dejo de contarle más historias.

     -Esto no es lo que desea, mi rey. Lo noto en su tono

     -Entonces deja de incordiar. Solo contéstame a lo que te voy preguntando.

     -¿Sin rechistar? Esto se llama retorica no dialéctica.

     -¿Y si se lo mando?

     -Dictadura, mi general.

     -Esa palabra no está en mi vocabulario

     -Ya llegará, un poco de paciencia.

     -¿Sabes que? En este momento no te aguanto. Lárgate. Me está entrando sueño y necesito recuperarme. Seguiremos más tarde.

     -A sus órdenes jefe, me estabas empezando a aburrir con tantos rodeos.

          El despertar ha sido peor de lo que esperaba. Cayó una calma chicha sobre las olas, inmovilizó las velas y obligó a los remeros a multiplicarse en el empeño de alcanzar las costas más levantinas antes de lo previsto. Otra vez sonrió para sus adentros. “Este burlón de navegante se lo traga todo. Mientras yo le cuente aventuras de Ciclopes y Lestrigones y se lo zampa, nos haremos con el oro de Egipto, veremos al rey Espartano y a Helena y vaya si nos cogeremos unas borracheras divinas…Solo tengo que inventarme las historias un poco mejor. Si no, tampoco es tan estúpido y se dará cuenta de las mentiras y los cuentos hechos a medida. ¿Cómo le puedo vender la historia de que Homero no nació ciego si no le apresaron y cegaron los bandidos y lo arrojaron a las rocas de Chíos, sin que se percate que entonces el mito está perfectamente mezclado con la realidad, para ensalzar mis hazañas y ocultar el dolor de mi amadísimo nieto”. Posicionó la isla de Ciclopes allá por tierras de Trinacria, buscó una gruta imponente acorde del tamaño descomunal del monstruo, llena de cestos de quesos, recipientes con leche, un rebaño entero de ovejas y cabras salvajes de todas las edades y tamaños…

     Estibas de leña en cada rincón, resecándose al alumbre de un cándido hogar que ardía de crepúsculo a la madrugada. Y un enorme peñasco, que actuaba como candela en la ovalada puerta de la caverna. La insufrible masa inhumana, se percató al instante de la invasión de su morada, por los intrusos. “¿Sois piratas o gente pacífica? Indagó con fingida decencia. “Guerreros Aqueos, volviendo de Troya, que los poderosos vientos nos trajeron aquí, en su preciosa isla”. Dijo Odiseo y se arrepintió por darle explicaciones a la bestia. Podría haberle contestado simplemente, “Hemos venido a robarte las ovejas”, Él era rey, el otro un aborto de la naturaleza. Ahora empleaba una de las frases graciosas del navegante, tenía gracia. Sin embargo para no atraer aún la ira del gigante concluyó. “Suplicantes estamos delante suyo, ¡Oh divino ser de dioses!” Sabía que esto no se lo tragaría el navegante y cambió el tono de la conversación. “Eres un estúpido, ¡mortal!” Se supone que le respondió Polifemo. “¿Pero tú de que vas? Yo no temo ni a hombres ni a dioses. Nosotros somos por encima de ellos. Ni Zeus ni nadie. Yo del Poseidón soy el primogénito y si quiero os comeré para desayunar, almorzar y cenar en tres días.” Dicho y hecho. A dos se los comió apestosamente ahí delante de sus ojos…

     Una desagradable convulsión seguida de nausea y vómitos le invadió y se despertó entre llanto y desespero. Las naves seguían balanceándose ligeramente, contrariamente a su estado lamentable. Alguien le acercó un repleto cáliz de agua fresca. Bebió incontrolablemente y se echó el resto por el cuello.

     -Aquí le estaba aguardando majestad. Esá temblando. Tendrá fiebre.

     -No necesito sermones sobre mi estado, ya se lo advertí

     -Solo trato de ayudarle. Y a consolarle mi señor, porque estaba llorando e implorando que no les haga daño, que deje de descuartizar y de engullir a sus compañeros como si fuesen ovejas. Me dio grima señor mío. Yo solo estaba aquí, a su lado, quitándole el sudor de la frente. No pretendía hacerle daño.

     -Lo sé. ¡No me refería a usted, si no al Ciclope!

      Aaaa, lo siento señor. Estamos otra vez con las alucinaciones. Dichosos lotus…

     -¿Siempre eres tan impertinente?

     -Lo siento. Intentaré controlar mi ironía si le molesta.

     -Me molesta.

     -Parece que remite un poco el calor de su frente. Y suda menos. Se le van las pesadillas y con ellas el sufrimiento y la preocupación.

     -Preocupaciónón por quien

     -Pero, por el poeta. Me imagino que se espantaría pensando en que aquel monstruo podría haberse metido también con su protegido.

     -¡Le sacaría el único ojo que tiene!

     -¿Cómo? ¡Que mórbido deseo!

     -Antes de que le cieguen a mi nieto, le reviento el suyo.

     -¿Esto también lo has soñado? ¿Así?

     -Tal cual.

     -Me lo comenta?

    -Ahora mismo

    -¿Antes patrón le puedo hacer una pregunta directa?

     -Si no es impertinente.

     -Lo es.

     -Pues ahórratela o suéltela antes de enojarme.

     -Que pasó cuando Usted volvió a Ítaca y acabaste con los pretendientes recuperando su reino. O mejor dicho. En no lo que nos concierne…Cuando Policaste trajo a su nieto en la vida, que sintió y que le pasó después para quedarse con la visión dañada.

     -Por partes. Yo a mi nieto le adoré siempre. Solo tuve a uno. Y me salió único, excepcional. Luego ninguna queja. Y un buen día, piratas bandidos quizás Sidonios, quizás Fenicios, me lo secuestran. Con diecisiete añitos, para vengarse de no sé les hice. Yo desventurado navegante, habré hecho cosas malas en la vida pero nunca llegaron a tanto. Cegar a un adolescente para vengarse de algo que habrá pasado cinco lustros antes, no lo encuentro humano. Nunca jamás he vuelto a ver a Homero. Le secuestraron, le maniataron, le cegaron los ojos, tanto que casi no veía por un ojo y con el otro solo podría contemplar opacas las bellezas de la naturaleza. ¡Con una estaca de hierro ardiente, a un niño que no les hizo nada! Y se lo llevaron, se lo llevaron esposado lejos. Nunca pidieron rescate, porque nunca fue su cometido, si solo pretendían vengarse y nada más. Podían habérsele matado. Le ahorrarían sufrimientos. Pero su venganza pretendía ser aún más cruel. Querían dejarle desgraciado para siempre, para que todos sufriéramos su padecimiento, pero lo que no sabían era que al permitirle vivir seria permitir al mundo descubrir su inmenso talento y su ingenio. Un poco antes de morir en aquella emboscada al sur de mi Ítaca querida, que toda mi familia ha perecido por engaño, supe de los propios enemigos que un bardo en Chíos que se prestaba ser el mismísimo nieto del rey de Ítaca había cantado por los siete mares sus hazañas y sus desdichas. Y fue un clamor. Un éxito irrepetible. Un poco antes de dejar mi último aliento, aquel muchacho medio ciego y querido, que los bandidos arrojaron a las rocas de aquella isla lejana del mar egeo, me había devuelto la dignidad y el orgullo. ¿Entiendes ahora donde encuentro la verdad entre los confines de la realidad y la ficción? Claro que soy consciente que no hay ciclopes, lestrigones y gigantes y Polifemo es el más “famoso” de los bardos, la estaca ardiente es su sufrimiento, y su cólera la ira divina de los dioses.

     -Majestad, puedes ahora comentarme lo que deseas sobre esa historia de la caverna y el ciclope.

     -Ya no tiene sentido.

     -¿Porque?

      -¿A quién se lo voy a endosar ahora?

     -Necesitas una historia para que Él justifique sus hazañas.

     -¿Entonces sigo contando sueños?

     -¡Y conjeturas!

 

     El vomitivo monstruo se merendó en dos sentadas, cuatro más de los doce compañeros de Odiseo y se jactaba de que acabaría con todos en los siguientes convites. Él en lo único que pensaba, era como acabar con él, enviándole a los brazos de Caronte aunque con el probable infortunio de hundir su transbordador mortuorio. “¡Decidido!” dictaminó. “Le atravieso el pecho con la espada.” “¿Y luego quien mueve este peñasco de la puerta? Nulo”. ”Esperad, a ver compañeros. Vosotros afilar este madero de leña y sacarle punta. Luego cuando llegue el holgazán le metéis al fuego hasta arder y se lo clavamos directamente al único ojo que posee. ¿Entendido? Pero para eso tenemos que debilitarlo. Y aquí es donde interviene Marón. Sí, el sacerdote o mejor su delicioso vino dulce. Yo le emborracho con astucia y vosotros hacéis el resto” Así lo hicieron. Él le llenó la barriga repetidamente de aquel embriagador vino dulce y al caer redondo los otros le abordaron y le cegaron tal cual habían acordado. Reventado é iracundo el Ciclope solo quería saber del nombre del desmedrado que lo había dejado un asco. “¿Cómo te llamas renacuajo?” Chillaba lleno de rabia. “Nadie, mi amo. Me llamo “Nadie”, se burlaba el pícaro Itacense. “Ahorra llamo a mis colegas a socorrerme, asesino”, rabiaba más el titán. “Hermanooos, me matan, me han segado el corazón” “¿Quién fue? “¡Un don nadie!”

     Así se describió esta hazaña que nunca existió pero podía haber sido. Los compañeros del Polifemo nunca le hicieron caso y él se quedó vendido y muerto de miedo en el suelo. Los Itacenses esperaron hasta la mañana y cuando el espantajo se puso en la puerta para pillarles al intentar escapar, ellos salieron atados en el bajo vientre de los carneros, dejándole delirando y profiriendo las peores de las amenazas.

     No solo se evadieron al barco y escaparon a mar abierto si no, se le llevaron a las mejores ovejas que repartieron con los demás compañeros.

      -¿Así, que te parece navegante?

     -Faltan los anatemas del Polifemo y sus suplicas a su padre poderoso, sobre venganza y desquites.

     -Claro y por eso me fue como me fue.

     -¿Por las maldiciones del ficticio sujeto?

     -¿Porque si no?

     -¿No quedamos que eso es ficción?

     -Pero entra dentro de mis hazañas.

     -Si pero la verdad es otra.

     -¿Cómo cuál?

     -Que tardó casi nueve años más, en volver, por estar saqueando Asia y África.

     -Pues hay que rellenar el guion porque nos faltarán muchos años, muchas.fechas…

     -El aedo ya lo ha previsto. Aún faltan Lestrigones, los vientos de Eolo, Circe. Los bueyes del sol y Calipso.

     -¿Tú vas a estar aquí para recordármelos?

     -¿Si me lo permites?

                             …C O N T I N U A R Á

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