Odiseo y el Navegante Tocado y hundido


Odiseo y el Navegante

  1. Tocado y hundido

 

     -¡Entonces borremos los cantos de una tacada!

     -La Ilíada ha sido un gran canto épico. Una gran guerra.

     -¿Guerra o batalla?

     – ¡Guerras! Ya me explicaré.

      -¿Y la Odisea? ¿Mis hazañas?

      – Tus mayores hazañas están en la Ilíada…

      -¿Así que lo otro no sirve? Tantas aventuras, lucha, sufrimientos y desdichas. Bordadas y naufragios, anhelos, desdenes y nostalgias. ¿Y yo que fui? ¿Un charlatán? ¡Tocado y Hundido!

     -¡Nooo! Nunca quisiera tal consideración por Ud. Majestad. Ha sido un gran hombre y un gran rey…

     -Sí, pero te sobran monstruos y episodios desmesurados, inhumanos.

     -¡Y me faltan mujeres! Y Combates, depredación, invasiones y correrías junto a los demás pueblos del mar. Con aquellos “otros” compañeros que no le ríen las gracias todo el día como Elpénor o Antifo.  

     -En la Odisea no hubo combates. No se escribió por eso.

     -Por tanto es difícil justificar el espacio. Explicar al lector ¿dónde estuvo majestad tantos años después de la gran Guerra?

     -No necesariamente hay que suprimir de una tacada a todas las hazañas por la presencia de los monstruos. Contienen otros significados, otros mensajes. Incluyen el espacio y el tiempo necesario…

     -¡Justo! Pero para otros menesteres.

     -¿Y la influencia del viento? ¿Cómo puedes menospreciar, tú, experto y fanfarrón navegante su enorme influencia en el tiempo y el espacio.

     -Nunca se me ocurriría. Acabas de proferir una blasfemia y los dioses nos castigarán. Puedes jactarte de monstruos y de mujeres, y de festines y embriagueces descomedidos, pero no del demerito de los elementos de la naturaleza. La influencia de vientos y corrientes en las travesías.

     -¿Entonces dices que Eolo sí existió?  ¿Y la isla Eolia también?

     -Sí negase su existencia nos hundiría en un instante. Él o su padre, el del tridente.

     -Bueno, hemos llegado a alguna conclusión que no es impugnable…

     -Que exista dios y sus maldades no es exclusivo de esta época. Que viva en su propia isla y ate y desate vientos a su antojo, encerados en una burbuja o un odre nadie se lo cree. Que haya rocas movedizas, terremotos y fallas hipogeas no justifican los lestrigones, la Escila o las sirenas. Y Caribdis es un común fenómeno geológico en el agua. Los remolinos acuáticos son tan peligrosos que pueden engullir una enorme embarcación. Sus traicioneros cuerpos de agua pueden ser más horrendos que el propio de una bestia marina de larga cola. Ud. Es un experimentado capitán majestad, un insuperable marinero, todo esto lo domina a la perfección.  

     -Dejemos por un instante a los elementos. A las mujeres porque querías multiplicarlas en vez de suprimir algunas. -Aquí no pudo contener su sonrisa el pícaro Aqueo-.

     -Porque de esas seguro que habrán habido miles. No las pocas, bellezas, principescas que le inventó el poeta. Las otras “aventuras pasajeras”. Aquellas que los marineros llaman “un amor en cada puerto”. Eso sí sería justificable y lógico.

     -Y tú no crees en la lógica y la veracidad de los cantos, lo has dejado claro.

     -¿De los cantos? ¿O de los hechos?

     -¿Qué más da?

     -Muchísimo…

     -¿No son lo mismo?

     -Noooo, basta ya de exclamaciones. Me haces adrede salirme de mis ropas (¡Y no llevo!, Aquí el que sonrió era el desesperado navegante). YO nunca sr “Nadie”, dije, QUE los cantos no contienen hechos y los hechos no les son propios. ¡Digo, y lo sostengo que los hechos están camuflados tras la apariencia!

     -¿Apariencia?

     -Por eso sus compañeros a menudo desconfiaban de Ud. Ellos son más terrenales, más temerosos y más ingenuos. Su barriga tenía mucha más importancia que los palacios, las princesas, y las camas ornamentadas. Hasta los transformaron en unos cochinos deplorables.

     -¡Quien los transformo ha sido Circe!

     -¡Y un cuerno! Majestad, y perdóneme la osadía. Alguien que les veía como tales, sucios y hambrientos, humildes y sedientos, desesperados animales aturdidos y desconfiados. Por eso Euriloco no se fiaba de lo divino y el hechizo.

     –Volvamos. No me gusta el cariz que toma otra vez su teoría. Siempre salgo perdiendo

     –Perdiendo fabulación, sí majestad. Pero ganando realismo.      

     –¿Dónde viste realismo?

       -Donde Elpénor se rompió la crisma después de una orgia. ¡Dormirse en una techumbre! Las melodías mezcladas de alucinógenos y friegas con aceites esenciales, con que disfrutaba Polites en las casas de lenocinios y los lupanares de Libia y Egipto.

     -¿Y la fabulación?

     -¡Que los actos fúnebres por Elpénor, los sacrificios y las ofrendas a Perséfone se transformaron en un viaje espiritual a Hades!   

     ¡Que imaginación!

     -No mía.

     -Podía haberse quedado en un verso. Simple, breve y poderoso. Nada más. Y como siempre te ensañas,…”después siguió una buena “francachela”…

     -¿Y la gloria?

     -¿La gloria?

    -Tu gloria. Querías verte con Aquiles, con Agamenón y con Ajax el reciario. Ver al hijo querido de tú consuegro Néstor para llevarle luego el pésame. Abrazar a tu amada madre porque alguien te había alertado de su muerte. Y vanagloriarte de tus hazañas que solo los argonautas se habían asemejado, unas generaciones antes, con héroes incluso más poderosos… Y engañarte a ti mismo, pidiendo consejo a Tiresias, “para cuando el retorno a Ítaca”, delante de tus camaradas, ya que durante años les habías engañado con ese sueño.

     -¡Has descrito con imaginación un rito funerario!

     -Soy navegante, pero no carezco de imaginación.

     -Pero la rechazas. La combates

     –Solo evito mezclarla para no dañar la objetividad.

     -¿Y esa dónde está?

     -¡En Trinacria!

 

     En la isla de Trinacria, esa que luego se llamó Sicilia por los guerreros sículos del mar, llegaron por centenas las naves Aqueas, ahorra ya reunidos después de prestar durante años sus espadas al servicio de los faraones y los Sidonios soberanos. Los lugareños se habían aliado con frecuencia a los Danaos, los Pelleset y los Minoicos, devastando el imperio Hitita, Ugarit o las costas de Asia y el oriente próximo, y los recibieron con los brazos abiertos. Pero sabiendo de sus ansias de pillaje, trifulcas, mujeres y dipsomanía les advirtieron que no estaban dispuestos a permitirlo más allá del deber de la hospitalidad entre amigos y asociados. La isla había prosperado desmesuradamente en ganadería y siembra y los astutos sículos habían trenzado miles de historias truculentas que se supone acontecían alrededor de su isla, para alejar tentaciones tales como ahora veían en los ojos de los Egeos. Así se rodearon de remolinos que parecían inmensos cetáceos, de Titanes y Ciclopes, de brujas hechiceras o, más allá, de Sirenas melindrosas. Y en sus prados ladeados y sus valles de ocre y olivo guardaban sus incontables ganados de bueyes, pastando pacíficamente a la espera de contentar las flácidas andorgas de los ahora retirados, mercenarios.

     –En las guerras eso pasa, siempre.

     -Y en las invasiones.

     -Como lo digas. Cuando un ejército esta hambriento, entra en las poblaciones, roba los alimentos, ocupa sus casas, se merece a sus mujeres é hijas…

     -¡Qué vergüenza!

     -Sí, no digo. Pero es lo que pasa.

     -Por eso el nieto lo camufló, nunca mejor dicho, bajo el inocente robo de los bueyes ¡del Sol!

     -Inocente para nada. ¡Con esto acabó para siempre con mis compañeros!

    -Era una gran ocasión para dejarle solo con su vanidad.

    -Le contesté antes. En la guerra todo está en el guión. No hicieron falta francotiradores. Aquí la venganza ha sido divina.

    -Como en todas las guerras, escudada tras las religiones y el fanatismo dogmático.

    -No me vas a hacer, otra vez, tomar el nombre de los dioses en vano…

    -Majestad. ¿Qué pasó exactamente para quedarse sin compañeros después de saquear Trinacria?

     -¡Ha sido el poniente!

     -¿Cómo?

 

      Los Sículos se plantaron por miles delante los desagradecidos visitantes. Todos, hombres, mujeres, ancianos y criaturas corrieron a defender su heredad. “¡Pero si solo son unos bueyes!” “¡Sí!, mas es todo lo que tenemos!”. Los pueblos luchan siempre por sus alimentos, sus casas, sus campos, el agua y su honor. Y aunque muchos caen, al final resisten. Como resistió Trinacria. Y luego Ogigia que ya se verá de otro modo en el  siguiente canto. De otra manera. De la misma guisa. La misma sustancia, en otra época contemporánea y actualizada. Hubo parlamentos y discusiones, asambleas y amenazas, ruegos y anatemas. Al final, los Danaos, se apiadaron, o tuvieron miedo, o ya habían saciado su hambre, sus deseos y su altanería. Se fueron a las naves adosadas una a una en la larga playa debajo del imponente volcán que escupía sin cesar fuego y cenizas. Embarcaron con pésima voluntad y pusieron rumbo a lo desconocido mientras el cielo se teñía de negro y había engullido al océano en las huecas entrañas de sus nubes.

     Rompieron los mástiles, el palo mayor cayó a la cabeza, directamente, del timonel y le arrancó los sesos. Quedó en pedazos y el espectáculo ha sido dantesco.

     Las naves una a una han ido a pique con todos a bordo. Nunca “nadie” vio semejante tormenta, semejante tortura, semejante desgracia, ¡semejante perdición!

     Ha sido el final de la expedición. Todas las expediciones al final acaban devoradas, rotas, devastadas… ¡Y en todas épocas, se repiten por igual! Alguien se salva, o “Nadie”, pero seguro que alguien se apaña para salir ganador y triunfante y preparar la venganza o la réplica. Aquí se fueron todos. Los Itacenses seguro, de los demás probablemente algunos se salvaron y se volvieron a sus moradas. O buscaron otras. Así llegaron a tierra de Tartesios, y de Galicia y  sobre todo a tierras del levante Ibérico, fundando “Kallipolis” e Hemeroscopio y Pirene.

     El rey Itacense, ahora solo, naufrago, asustadizo, desarmado e indefenso se dejó llevar subido a un tronco de oportuna madera que la palada Atenea, seguro, se había procurado para su protegido, sin apenas confesárselo a su tío tridentino.

     Sus camaradas, sus queridos compañeros de casi trece años de aventuras, habían desaparecido para siempre. ¿Por su culpa? ¡No por Dios, no! Que nadie le culpe de eso.

     El puzle Homérico es “de uno por nueve y el diez a descansar”. De ahí los religiosos Cristianos tomaron su “seis y el siete a descansar”, y otros lo habrán multiplicado como han querido. Por tanto ¿por qué íbamos a cambiar la multiplicación? Nueve días pelearía las olas asesinas Odiseo, antes, que en el décimo, viera la luz de Ogigía!

     Y ahí, entre medio de la neblina, el miedo, la desdicha, la duda de lo desconocido, la mezcla de los tiempos, el destino final que se acercaba, el cansancio-este agotamiento que ya se volvía monótono-, y… la repentina y soberbia presencia de Calipso, princesa de Gozo, del archipiélago de Malta y del sureste mediterráneo, se quedó Odiseo preso de sus últimas alucinaciones que ¡acercarían de tal realismo la época homérica, con la segunda guerra mundial!

     “é de engaño”, constituirá un paréntesis disímil pero solo así he podido convencerme de los siete enteros años que un batallador como Odiseo haya podido ocultar tras las faldas de una hembra, con lo hermosísima que fuere…

….C O N T I N U A R Á

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