Ítaca Homérica – Esp


LA ASAMBLEA DE LOS ITACENSES- TELÉMACO SE VA A PILOS

ODISEA RIMADA/ CANTO II/ Rapsodia β´
«¡Oh, Méntor insidioso y atolondrado que vociferas con obstinación
tentándoles a que nos paren los pies y nos retengan, hecho difícil este
al no ser lógico que unos cuantos agredan a muchos por un banquete!  

¡Ojalá Perséfone no venga a verme hasta acabar con esta tarea larga!
R d F


Mi rimada Odisea (Inspirada en las obras de Mentor) 1

Del hombre más astuto, recítame, ¡oh musa! De quien vagó errante.
Tanto desde que derribó el sacro castillo de Troya. Y visitante
fue de ciudades y de muchedumbres y alcanzó el conocimiento,
aunque sufrió desventuras en medio de los mares y el tormento
de perder su desolada alma y a sus compañeros a su regreso.                 5 (…)


“LA FUNCIÓN SE ACABÓ!” la ÍTACA HOMÉRICA es PALIKÍ de CEFALONIA 2

traducción simple del articulo de MENTOR en griego sobre la localización de las Ítaca, Esqueria e Hiperia Homéricas:   Los argumentos que se exponen podéis leerlos en el artículo central: Hemos concluido nuestra búsqueda referente a la Ítaca Homérica, sobre la localización de la Ítaca verdadera como se describe en la Odisea. Hemos analizado los siguientes lugares que lo pretenden.: Paxoi, Lefcada, Assos de Cefalonia, la actual Ítaca (la llamaremos Same), Paliki de Cefalonia y Poros de Cefalonia, a través de descripciones concretas de la Iliada y la Odisea y hemos concluido a través de seis puntos, (1-6), de la […]


EL NAVEGANTE: Canto IX. La aniquilación tenía su alegato.

EL NAVEGANTE: Canto IX. La aniquilación tenía su alegato.

Lo demás es casi como siempre. Después de la destrucción, llegan los pacificadores. Reparten justicia a los vencedores e injusticia a los derrotados y ¡proclaman la paz! «¡Ceded, itacenses! ¡La guerra ha terminado! Temed la venganza de los dioses, dejad de matar». La intervención divina en su apogeo. Primero dejan que la muerte actúe, luego piden el perdón y la penitencia. Y luego se establecen los pactos, que llevarán otra vez a los poderosos a la regencia y los plebeyos a su triste realidad… Y de tal manera –¡Oh Atenea!– podrán vivir para siempre en amor y paz. (…)


EL NAVEGANTE: Canto VIII. Feacios: Bienvenida y despedida

EL NAVEGANTE: Canto VIII. Feacios: Bienvenida y despedida

Telémaco y Odiseo necesitaban aliados. Siempre se han necesitado en los conflictos familiares o universales. Son el anillo mágico a la cintura para “estrechar los lazos”. Es una frase absurda, pero nunca pude entenderlo de otro modo por lo falso habitual de su resultado. Podía referirme al más coloquial “la soga en el cuello”. ¡Casi todos los aliados al final se quedan parte de lo tuyo! Se lo arrebatan a sus enemigos si resultan vencedores. Y se lo reparten entre ellos. ¿Absurdo? Inmoral. Injusto. Abusivo. Verídico y habitual. (…)


EL NAVEGANTE: Canto VII. Un paréntesis imaginado… έ, de engaño.

EL NAVEGANTE: Canto VII. Un paréntesis imaginado… έ, de engaño.

–¡Aiuto¡ ¡Aiuto!

La lozana joven “rubiroja” le sonrió y le respondió susurrándole al oído con cautela, como si no se atreviese a infligirle mayor sufrimiento en la situación que se hallaba.

–No hables ni temas, padre. Volaré como el viento para pedir ayuda. Todo irá bien, ya verás.

–Vale, te lo agradezco… Pero, ¿quién eres? ¿Cómo te llamas?

–¡Nausícaa! Soy tu hija Nausícaa –gritó la muchacha, alejándose con paso ligero–. (…)


EL NAVEGANTE: Canto V. Tocado y hundido

EL NAVEGANTE: Canto V. Tocado y hundido

Fue el final de la expedición. Todas las expediciones al final acaban devoradas, rotas, devastadas… ¡Y en todas las épocas se repiten por igual! Alguien se salva o “Nadie”, pero seguro que alguien se apaña para salir ganador y triunfante y preparar la venganza o la réplica. Aquí se fueron todos. Los Itacenses seguro. De los demás, probablemente algunos se salvaron y se volvieron a sus moradas. O buscaron otras. Así, llegaron a tierra de Tartesios y de Galicia. Y sobre todo a tierras del levante Ibérico, fundando “Kallipolis”, Hemeroscopio y Pirene. (…)


EL NAVEGANTE: Canto IV. ¿Quién cegó al bardo?

EL NAVEGANTE: Canto IV. ¿Quién cegó al bardo?

Posicionó la isla de Cíclopes allá por tierras de Trinacria y buscó una gruta imponente acorde al tamaño descomunal del monstruo, llena de cestos de quesos, recipientes con leche, un rebaño entero de ovejas y cabras salvajes de todas las edades y tamaños…

Estibas de leña en cada rincón resecándose al alumbre de un cándido hogar que ardía de crepúsculo a la madrugada. Y un enorme peñasco que actuaba como candela en la ovalada puerta de la caverna. La insufrible masa inhumana se percató al instante de la invasión de su morada por los intrusos. «¿Sois piratas o gente pacífica?» indagó con fingida decencia. «Guerreros Aqueos volviendo de Troya que los poderosos vientos nos trajeron aquí, a su preciosa isla», dijo Odiseo. (…)


EL NAVEGANTE: Canto III. El Clan.

EL NAVEGANTE: Canto III. El Clan.

Las naves, una a una, se pusieron a jadear en concordia y a dejarse abrazar por las dilatadas olas que las llevaban en volandas. El viento se había vuelto norte absoluto y afeitaba las cubiertas de los cascos a su cruel revuelta por la superficie del océano. Era inevitable, y el magnánimo rey se percató en seguida. «Viento de norte, proa al sur. Lo acepto, pero que pronto amaine, amables dioses de Olimpo», rezó, mientras recogía una mazorca del entrepaño y un odre de vino tinto de aquel que el sacrificado santurrón de Ísmaro le había brindado.